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Las mujeres naturalizan la Ligadura de Trompas pero no la Vasectomía

Un estudio estadístico del año 2016 realizado dentro del programa nacional de salud sexual y procreación responsable, arroja casi 13.000 ligaduras tubarias y sólo 97 vasectomías, en establecimientos públicos y cabe preguntarse por qué.

Ante la decisión de no tener más hijos, son las mujeres, en amplia mayoría, las que optan por la ligadura tubaria y no se les ocurre pedir a su pareja que se realice una vasectomía. Es histórico que la anticoncepción recaiga generalmente sobre ellas, aunque la aparición del HIV trajo mayor concientización sobre el uso del preservativo por parte de los hombres, pero no antes de esto.

En parejas estables es más usual que ella tome anticonceptivos a que él use preservativos, a pesar de los problemas que traen las pastillas anticonceptivas para el cuerpo de la mujer.

Ellas dejan de menstruar y de ovular mediante las pastillas y lo aceptan naturalmente, lo naturalizan como tantas otras cosas relativas al rol de la mujer en relación sexual con el hombre.

Cuando no se teme por enfermedades de transmisión sexual y la única preocupación es la del embarazo, si la pareja no desea ya procrear, las estadísticas muestran que es sólo ella prácticamente la que se somete a la intervención de ligadura y no él, siendo que la vasectomía es un método más seguro, porque es más fácilmente controlable a posteriori y es más económico en comparación.

Con una vasectomía no se afecta el semen, no se afecta la eyaculación, se conserva el placer, el volumen eyaculado, el orgasmo y la erección, solamente sucede que no hay espermatozoides en la eyaculación, pero no se ve ni se siente, todo sigue igual pero sin esperma. Una creencia equivocada es que la vasectomía afecta la capacidad de eyaculación, pero el semen está compuesto en un 99% por líquido seminal y sólo en un 1% por espermatozoides, manteniéndose entonces, tras la intervención, el 99% del volumen eyaculado. Las glándulas siguen produciendo las sustancias que deben secretar.

Las estadísticas no mienten, las mujeres consideran que la obligación es de ellas, o peor aún, no sienten que exista otra posibilidad, lo han naturalizado, sienten que es su lugar. Las mujeres siempre han estado condenadas a la dependencia debido a su biología; tienen que concebir, gestar, amamantar y cuidar, pero también tienen que someterse a que pasen cosas en su cuerpo si quiere no engendrar; soportan prácticamente toda la carga. Claro que hay hombres conscientes y responsables, pero no son siquiera una aproximación a lo necesario para lograr el equilibrio.

La biología no debería tiranizar a nadie en la era de la tecnología.

Es interesante ver cómo cuando una paciente me dice que está considerando una ligadura tubaria y le pregunto por qué no una vasectomía, se queda mirándome en silencio. Ni ella ni él consideraron esa posibilidad ‘cómo le voy a pedir eso’, ‘nunca se me ocurrió’. Esto es cultural y es una cosa más con la que las mujeres deben cargar debido a su biología y a su educación. Ser capaces de concebir las hace más sacrificadas que los hombres en el marco de una pareja. Esto es atávico.

La vasectomía es menos invasiva que la ligadura de trompas, ya que en las mujeres se trata de una cirugía abdominal, en cambio en el hombre es sin bisturí. También es más segura porque se puede verificar su efectividad fácilmente, mediante un espermograma, sin embargo las mujeres se siguen sometiendo a la ligadura tubaria.

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De los pocos hombres que se han realizado una vasectomía, son aún menos los que han querido revertirla y suele coincidir con el inicio de una nueva pareja o por el fallecimiento de un hijo. Es necesario tener la seguridad de ya no querer tener hijos para someterse a la intervención, a pesar de que se puede revertir.

Cuanto más tiempo pase entre la vasectomía y la reversión, menos fértil el hombre será despúes de la reversión, pero aún así será fértil otra vez, ej: si la intervención sucedió hace 8 años, la probabilidad de embarazar a su pareja es del 50% y si fue hace 15 años, del 30%.

La reversión implica una cirugía más compleja que lo que fue la vasectomía, la que es muy simple y no requiere internación; podría decirse para generalizar, que el varón sale caminando del quirófano. La vasectomía la practica cualquier urólogo en quirófano y comienza a hacer efecto en tres meses, ya que los espermatozoides que pudieron quedar, remanentes en el escroto, desaparecen con seguridad a los tres meses.

Hoy la vasectomía es sin bisturí, con anestesia local o general, es ambulatorio, tiene una duración aproximada de 25 minutos, la recuperación es rápida, 3 días manteniendo reposo relativo, sin hacer fuerza ni gimnasia y a la semana se retoma la actividad sexual, pero recién a los 3 meses la eyaculación estará libre de espermatozoides.

Es una intervención que ofrecen los hospitales públicos, pero hay otra, más moderna, que no ofrecen dichos hospitales, que conlleva un botón interno y no visible, en conexión con el epidídimo, que permite decidir cuándo sí y cuándo no permitir el paso de los espermatozoides al flujo eyaculatorio.
Tanto la vasectomía como la ligadura de trompas a veces recanalizan (fallan), pero aún así, es más fácil de controlar si la vasectomía está fallando, que si la ligadura tubaria lo está. Para saber si está fallando la vasectomía se realiza un simple espermograma, mientras que para controlar los resultados de la ligadura de trompas (la recanalización) es necesario hacer una histerosalpingografía, que es una práctica invasiva y dolorosa.

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Alejandra Tallarico, Psicóloga y Sexóloga de FKT Lomas

A pesar de todo esto, la mayoría de las mujeres no discute con sus parejas la vasectomía.

¿Será que las mujeres han naturalizado que en todo tienen que llevar la peor parte?

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